jueves, 27 de julio de 2017

Pétalos de luz



(1 - Dolor)

Si pudiera concentrarse, incluso podría ver el dolor. Una masa viscosa ascendiendo desde los dedos de su mano izquierda y también de la rodilla. Una masa viscosa y negra, gélida, que paralizaba sus músculos con su avance. Al final no podría asegurar de donde venía el dolor y todo su cuerpo aullaba en un quejido estremecedor.

Le sorprendía poder mantenerse aun sobre la moto, a cada instante temía acabar besando el suelo, pero no pasaba nada. Quizá la veterana F650 le conocía tanto que era capaz de adivinar su estado, de compartir su dolor y el cerebro electrónico que gobernaba el encendido era capaz de mantener la moto vertical sobre el asfalto y de trazar suavemente las curvas.

Intentaba concentrar la vista en la carretera y no fijarse en el hilito de sangre que se escapaba por el antebrazo izquierdo, escapando bajo el guante izquierdo, la mano prácticamente insensible por el dolor y la mente embotada también por el dolor, concentrado apenas en dar gas.

En medio de aquel mar de dolor, la certeza de estar vivo y “entero”. De haber escapado en el último instante a una muerte segura. Y le daba las gracias a su montura, que le había sacado de allí en un suspiro. Ellos tenían sus devastadores hechizos y él, su intuición y una vieja BMW. Le daba las gracias a su montura, y hablaba con ella en silencio, diciéndole que en cuanto estuviera recuperado le cambiaría el aceite y el filtro del aire, la lavaría de arriba abajo, le engrasaría la cadena, en fin, todas esas cosas que debía hacer de cuando en cuando pero siempre se le olvidaban o no tenía tiempo, pero buscaría un hueco y un poco de dinero. Quizás le regalara una cúpula más alta. Y se abrazaba a ella con fuera, como al cuerpo de una amante, cuidando de no despertar todavía más el abismo de dolor de la rodilla izquierda y suspiraba, mientras murmuraba “sólo un poco más”.

(Publicado en Mayo de 2006 en otro blog)

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